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Mis aventuras en una clase de programación

Por Tere Dávila

Okey. No soy la persona que esperarías ver en un a clase de programación de HTML. No tengo “man-bun”. No soy menor de treinta. ¡Por Dios, si lo mío es escribir! ¿Qué hago pasando todo el sábado en las facilidades de Piloto151, frente a la Plaza de Armas, en un seminario de su escuela de programación, Codetrotters?

La contestación es: bastante. Llegué a la hora citada (10a.m.)  y saludé a mis compañeros de clase que estaban, debo decir, un chin amanecidos. Yo, en cambio, no salí la noche anterior al Club 666 (mayormente porque no sé dónde es) y estaba fresca. Qué bueno, porque cuando fui a servirme café, ya se había acabado.

Piloto 151 es un espacio atractivo: mucha luz, techos altos, todo blanco y mesas de trabajo comunales –algunas tienen vidas alternas como mesas de ping pong (nota: poner una en Lopito). La proprietaria, Camille Stolberg, nos dio la bienvenida y presentó a nuestra maestra, Arianna Savant, un chica californiana tipo surfer, que de entrada es bien “relax” pero que al rato te das cuenta de que es implacable con esa vaina del coding y que debe de ser bien difícil sacar A en su clase.

La missis iba a las millas. Su consigna: que cada uno creara, en un día, su propia página web “from scratch” (yo no hago ni cupcakes “from scratch”); nada de Wix ni Weebly ni Squarespace.  Enseguida, yo estaba nadando en un mar de < y de > y de /.

“¿Qué?”
“¿Qué dijo?”
“Plis, dele pa’tras, que no entendí ni pío.”
Eso fue lo que se escuchó toda la mañana y la tarde. Y no solo de mi boca.

Poco a poco, sin embargo, fui entendiendo. Me salió lo de nerda que le gusta aprender idiomas y, como eso es precisamente lo que es programación, me divertí:

<h1>Al principio todo me parecía chino.</h1>
<h2>Pero le metí mano.</h2>
<p>Ahora,el ladrillo de jeringonza que sale cuando un documento se va diez siete no me asusta tanto.<br/>
Creo que lo estoy entendiendo.<br/>
Más o menos</p>

Es como cuando fui a al Festival de Cannes la primera vez: entrené dos semanas antes en La Alianza Francesa y llegué convencida de que Je parler. Ahora, años después, confieso que los mozos se morían de la risa cuando insistía en pedir como si viviera allí.

Pero, tranquila, no me he dado por vencida con la langue de l’amour. También sé contar hasta diez cinco en Japonés. Puedo saludar a mi amigo Oliver en alemán y no hay menú italiano que me deje lela.

O sea, todavía tengo futuro con coding, por lo menos en el front end.

Teré Dávila
Creative & Partner
Lopito, Ileana & Howie

2 thoughts on “Mis aventuras en una clase de programación

  1. Genial, Tere. Te felicito! You might yet become a nerd, but for sure one with a great sense of humor.
    PD: I don’t code!

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